Sinceramente, nunca fui coleccionista en serio de nada en particular. Pero siempre, desde muy chico, fui de comprar y leer revistas (“Billiken”; de historietas como “Transformers”, “Thundercats, Robotech”; de ciencia y tecnología como “Muy Interesante”, “Conocer y Saber”; de computación como “PC Users”…). Todavía tengo cajas y cajas en la casa de mi mamá con revistas, perfectamente organizadas.
Sin embargo, mis pequeños ahorros en esos tiempos se iban primordialmente en las revistas de Disney (Mickey, Donald, Tribilín, Tío Rico, Disneylandia, Pluto, y un largo etc.). Semana a semana, tenía mis pesos contados exactamente para las revistas que debían salir (entre semanales, quincenales, mensuales y bimestrales). Estaba todo perfectamente organizado, agendado y contabilizado!
Además, siempre que iba a la costa (Mar del Tuyú, Santa Teresita y, ya de más grande, San Bernardo y Mar del Plata), me llevaba mi infaltable listita de “las que ya tengo”, y me recorría todos los locales de revistas usadas (hace un tiempo muy comunes en esas zonas). Pero claro, los ahorros eran escasos, así que tampoco me podía comprar demasiadas revistas.
Hace un año me picó el bichito de la nostalgia, y quise empezar a coleccionar en serio. Y empecé a lo grande: compré por MercadoLibre un lote de 450 revistas (mayormente de los años 70′s y 80′s), a un señor de Campana que, ya jubilado, se dedica a comprar y vender cosas viejas. Semanas después, volví a comprarle otro lote de 64 revistas. Todavía no terminé de catalogarlas, ni mucho menos de leerlas, pero estamos en eso…
